David Carro

relato

Inventario de Tiempo 

El tiempo pasa irremediablemente, y pasa entre sórdidos cigarrillos encendidos por enésima vez, copas que derriten tu pasión a la misma velocidad que los hielos, y música que no soportaría ni el más pintado habitante de Atapuerca.

La noche pasa para dejar desvelar otro amanecer, al compás de resacas compartidas, besos semirobados y de cafés con leche con dos de azúcar y croissant.

Las diez de la mañana no es ningún misterio para mi. Al compás de "Rayando el sol" un día o de "Calle Melancolía" otro, suena de fondo la banda sonora de un amor o del principio de un desamor.

Despejados hombres de rutina nos contemplan con su mirada triste, provocada por la sesión nocturna de televisión y la falta de ardor de unas sábanas que sólo conocen el roce de una piel. Y ahí estamos nosotros, riendo y al mismo tiempo sollozando, intentando alargar la noche, que ha sido sorprendida casi de repente por la firme luz del astro rey. Sesión de besos, café, sesión de caricias.

La realidad que desgraciadamente es mesurable por el tiempo, nos vuelve a transportar a la cruel luz, amaneciendo de repente en nuestras almas.

Diez de la mañana. Reflexión compartida: "un, dos, tres". Vuelta a empezar, anochece otra vez. Sesión intensa de caricias y complicidades acarameladas, envueltas por una espesa cortina de ternura. Otro rayo de sol. Otra reflexión; "un, dos, tres" y ahora si.

Monto en mi maltrecho automóvil. Arranco dejando tras de mi una nueva mañana de complicidad donde hemos logrado casi detener el tiempo, alimentando nuestra alma de besos y caricias, difícilmente recuperables de no haberse producido en aquel momento.

Abro la puerta de casa, enciendo un cigarrillo, apurando las últimas sensaciones de la mañana. Me desnudo. Noto el roce de las sábanas semifrías. Me estremezco y me identifico con el frío hombre que nos miró. Pienso y me consuela que de esa noche si que podré hacer inventario de tiempo, y como no de sensaciones. Hasta el próximo roce de sus labios, y de nuevo...inventario.

© David Carro 2001

 

 

poesías

EL HECHIZO DE LA LUNA

El hechizo de la luna
se conjura con tu belleza
rescatando la esencia
de mi alma en pena.

Zozobro y me sonrojo
al oir tu voz clara
mi corazón se acongoja
ante tu perpétua ausencia.

Necesito poseerte
tus labios besar
amor sobre ti derramar.

Corazón apasionado,
viva fugaz,
sin rumbo, triste, melancólico.

MÁS ALLÁ DE HOY

Sonrojado y encendido
contemplando el abismo
huyendo cual gacela
marchitado en primavera.

Busco tu sonrisa eterna,
el ardor de tus labios,
tras la enmohecida ventana,
se desvanece la pasión.

Absurdo calor sudoriento,
triste y lamentable espera,
sin tener tu presencia.

Lloro, me abato, zozobro,
te vas, te pierdo,
solo porvenir tenebroso.

 

© David Carro 2001

 

una canción

SENSACIÓN DE AMOR

Un hombre devorado
un rostro arrastrado
una flor marchita
una vida que grita.

Un rincón de callejón
una oscura sombría
una primavera errante
unas caderas despanpanantes.

Una mirada perdida
un olor a desolación
una frente marchita
unos labios de pasión

Un cigarrillo encendido
una carretera con destino amor
un cabello que deslumbra
unas luces de neón.

Un pasado sin futuro
un futuro sin razón
un presente que se esconde
una equivocación.

Y alli estaba yo
suspirando por tu amor.

 

© Ediciones Musicales Macerón-2001
Letra: D. Carro
Música: J.Bernués

web de David Carro

SUMARIO

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