In Memoriam - Antonio Machado

1998. Machado en la Red

Por Carlos Moreno Hernández
Los hermanos Machado con Margarida Xirgu

Pensando en Machado
Antonio Machado, dibujo de Picasso

(esperamos vuestras
machadianas colaboraciones)

 

 

Antonio MachadoLa cátedra dedicada a Antonio Machado en el Instituto de Enseñanza Media de Soria que ahora lleva su nombre, inaugurada por Gerardo Diego, recibió en la tarde del 28 de marzo de 1961 a Geoffrey Ribbans, presentado por el entonces profesor de lengua y literatura Carlos Beceiro. El crítico inglés habló sobre la poesía de Antonio antes de llegar a Soria, y tanto su conferencia como la presentación de Beceiro se publicaron al año siguiente en un folleto de 35 páginas a expensas de la Diputación Provincial.

Beceiro fue mi profesor en el Instituto por aquel entonces, pero mis aficiones iban por otro camino y apenas destacaba en cosas relacionadas con la literatura: ni siquiera llegué a publicar en una revistilla cielostilada de los alumnos que el profesor dirigía; menos aún me interesaban las conferencias de otros profesores de fuera, por muy ingleses y machadianos que fuesen.

En 1998, treinta y siete años después, aquella cátedra ya no existe, pero Antonio Machado tiene otra en una revista electrónica en Internet titulada Abel Martín (http://wwwabelmartin.com), confeccionada por el machadiano de Barcelona Jordi Doménech, quien posee una valiosísima biblioteca de primeras ediciones del poeta que tuvo mucho gusto en enseñarme. La revista incluye colaboraciones, publicadas o no en papel, inéditos del autor, bibliografía y otras secciones, todo ello continuamente actualizado.

Si por aquel entonces ni Ribbans ni yo coincidimos en la cátedra de Machado, lo hacemos ahora en la red, discutiendo sobre su poesía. Me gustaría que Beceiro se nos uniera, con muchos otros, pero mi antiguo profesor, ya jubilado, no usa ordenador, según me dijo en un congreso de la Asociación de Hispanistas, de paso por Soria en el mes de Julio, en el que lo encontré por casualidad. A propósito de este congreso: a pesar de ser yo miembro de dicha asociación, con una de sus sedes en Soria, en la era de Internet me fue imposible enterarme con antelación de quién participaba.

Ribbans acaba de jubilarse en la Universidad norteamericana de Brown; yo, en Soria y en la de Valladolid, enseño Literatura comparada, asignatura que los alumnos de la nueva Facultad de Traducción cursan como complemento de la lengua A, española o castellana. Los dos habíamos coincidido ya sobre el papel, en la revista Celtiberia y en su edición de Campos de Castilla, con algunas divergencias.

Yo había publicado, en 1982, un artículo sobre este libro de Machado en esa revista del Centro de Estudios Sorianos, que entonces dirigía el director de la Casa de la Cultura, José Antonio Pérez Rioja. Me consta que aquel trabajo fue leído por Heliodoro Carpintero, otro conocido profesor y articulista, que recomendó su publicación; el artículo salió sin corrección de pruebas, con lagunas y un buen número de erratas. Aún así, mereció ser citado y comentado por Ribbans en su edición de Campos de Castilla (1989).

En su presentación de Ribbans en 1961, Beceiro, después de desear que la cátedra sirviera de medio de divulgación de la poesía española, menciona los trabajos de Ribbans publicados hasta la fecha e incide en algunos de los tópicos sobre Machado y Soria que es imposible ya erradicar del inconsciente colectivo, como el de la ciudad soñada y el hosco y duro paisaje de Castilla como modelos físicos que el poeta refleja, lo que no hace sino anticipar lo que serán las ideas predominantes del crítico inglés sobre el poeta en esta conferencia y en todos sus trabajos: Soria abre los ojos de Antonio al exterior, le enseña a mirar hacia fuera, hacia la objetividad, reconcentrado como estaba en la veta intimista anterior, subjetiva, la de sus años de aprendizaje que ahora supera.

La recuperación de Machado como poeta realista desde Campos de Castilla va a encontrar un marco favorable en estos años sesenta en que la oposición a la dictadura franquista se hace más fuerte y las algaradas universitarias se acompañan de lecturas marxistas mejor o peor digeridas que defienden el realismo socialista.

¿Qué había ocurrido hasta entonces, desde la muerte del poeta?

I

La ermita de San Saturio (Soria)Recién acabada la guerra civil, un falangista y jerarca del régimen, luego arrepentido, notable poeta también y soriano de El Burgo de Osma, Dionisio Ridruejo, había intentado recuperar a Machado para la causa de los vencedores.

En un famoso artículo titulado "El poeta rescatado", fechado en Octubre de 1940 y publicado al mes siguiente en la revista Escorial, luego reproducido como prólogo a la quinta edición de las Poesías completas (Madrid: Espasa-Calpe, 1941), confiesa Ridruejo que le conoció cuando él tenía diez años en el Instituto de Segovia, con su aspecto más bien ridículo, y que luego, desde los quince, empezó a escribir poesía bajo su influencia. Le considera el poeta más importante desde el siglo de Oro.

La razón del artículo y prólogo es, sin embargo, otra:

Yo escribo este prólogo como escritor falangista con jerarquía de gobierno para el libro de un poeta que sirvió frente a mí, en el campo contrario, y que tuvo la desdicha de morir sin poderlo escribir por sí mismo. (1941, VII).

Ridruejo pasa luego a justificar a su bando político con una serie de consideraciones de la peor retórica fascistoide, con la que ataca sin piedad al campo contrario en el que sirvió su maestro poético, al que considera engañado por "su ingenuidad de viejo profesor desaliñado". Antonio Machado el bueno es aquí el bueno de Antonio Machado, el "pobre" Antonio de "antiguos y sencillos sentimientos políticos", que no ideas, pues para las ideas políticas, dice refiriéndose al Juan de Mairena, era un caos. Imposible pues calificarle de rojo, ni de comunista o de fascista; todos podían llevárselo a su campo, y cayó, claro, en el equivocado.

Ridruejo intenta ahora rescatarlo, de ahí el título del artículo prólogo. Y aduce una estrofa de "Retrato" como prueba: era jacobino por "gotas de sangre", por atavismo casi inconsciente, por su educación -sólo le falta decir por sus malas compañías-, por la desilusión del 98 y "por todo lo que puede arrebatar un alma ingenua". Un alma de Dios, añade luego, bueno en todos los sentidos; si algo malo tuvo, absolvámoslo, aunque fuese un enemigo.

Es el jefe político quien escribe, haciendo un juicio político a un muerto cuya poesía, al fin y al cabo, como literatura que es de la buena, es interpretable de varias maneras. Además, para Ridruejo los pocos versos que pueden ser un antecedente de su posición política posterior son sus peores versos, como es el caso de la elegía a Giner y lo de los "yunques sonad; enmudeced campanas", o el elogio a Ortega y aquello de que Felipe II bendiga la prole de Lutero.

Claro está que faltan aún por editar poesías y otros textos de la guerra, y sólo la última edición de las Poesías completas en vida del autor, la cuarta de 1936, reeditada en 1941 con su prólogo, se considera aquí. Ridruejo invita al lector de ideología afín a hacerlo suyo, a ganarlo para su causa, pues

En la misma guerra, mientras él escribía sus artículos o sus versos contra nuestra Causa, nosotros, obstinadamente, le hemos querido, le hemos considerado -con la medida de lo eterno- nuestro y sólo nuestro, porque nuestra -de nuestra Causa- era España y sólo de España podía ser el poeta que tan tiernamente descubrió -por primera vez en verso castellano- su geografía y su paisaje real y que cantó su angustia y su náusea, su alma elevada, trascendente, amorosa y desnudamente severa (XII-XIII).

Aparecen aquí todos los tópicos deterministas que los del 98 heredaron del siglo XIX. España tiene pues una geografía y un paisaje "real", descubierto por Machado, cantor, además, de su angustia, su náusea y su alma elevada y severa, amén de otras cosas. Una variante, en suma, del paisaje como estado de ánimo. Esta visión de Castilla -y Soria con ella- como realidad peculiar descubierta por el 98, que Machado confirma en sus versos, pasa a dominar buena parte de la crítica machadiana a derecha e izquierda del espectro político.

La sexta edición, reimpresión de la quinta, de las Poesías completas, de 1946, aparece ya sin el prólogo de Ridruejo; en 1964, en el número 303 de La Estafeta Literaria del 24 de Octubre, se reproduce el artículo-prólogo de Ridruejo con el título "Don Antonio Machado, poeta de España por la gracia de Dios. Las cuatro razones del poeta rescatado" (pp. 6-7), no sabemos si con permiso de su autor.

Para Morán (104), Ridruejo, con veintiocho años cuando escribe el artículo, conocía poco la obra de Machado y sólo le intresaba de él la "figura" poética. Sobre sus avatares posteriores él mismo se confiesa en diversas ocasiones; así por ejemplo, Antonio Núñez publica en Insula en Mayo de 1973 (n2 318, pp. 1 y 4) una entrevista en la que Ridruejo hace un recuento de su vida, sin mencionar su artículo sobre Machado de Escorial. Habla de su libro Escrito en España como justificación de su comportamiento tras la ruptura con el pasado y declara que rompe en 1942 con la "ideología derechista tradicional" -léase el nacional-catolicismo desde sus presupuestos de "falangista hipotético", a su regreso de Rusia.

Según Morán (144), Ridruejo, en 1946, seguía siendo el máximo promotor del falangismo cultural y político, continuando así hasta 1955 (379, 390, 432). El mismo Ridruejo aclara en la entrevista que no se cayó de golpe de un caballo, como San Pablo, y que su evolución fue muy compleja: en 1944, tras su destierro en Ronda, le permiten publicar de nuevo y colaborar en periódicos, pero sólo le acepta la prensa del partido del que se había descolgado. Hasta 1947 vive confinado en Cataluña y en 1948 sale para Italia, donde permanece hasta 1951. Allí se transforma en un liberal en lo político y un socialista en lo económico, y trata de enmendar lo hecho antes. No obstante, dice que trata de conservar 'las platafomas de manifestación" y practica una forma de posibilismo. Hasta 1956 dirige Radio Intercontinental y luego empiezan los problemas. La falta de recursos económicos le obliga a exiliarse como profesor en Estados Unidos.

II

El entendimiento de Machado como poeta descarriado por parte de Ridruejo es paralelo al que intentó infructuosamente la "intelectualidad falangista" con Ortega y otros noventayochistas. Nada de extraño tiene esto, pues de ellos surge la ideología nacionalista en torno a Castilla como centro integrador de la España de siempre, castiza o imperial, e intentaron hacerlos suyos recuperándolos para su Causa, según escribían, con mayúscula. Además, Ortega, después que Unamuno, había influido claramente en la evolución de las ideas de Machado, y le había examinado para su tardía licenciatura en filosofía, al final de la segunda década del siglo.

Viene todo esto a cuento porque el "rescate" de Machado por parte de Ridruejo enlaza con lo hecho con Ortega en cuanto tergiversación o aprovechamiento de algunos de sus libros por los fascistas de anteguerra, desde Giménez Caballero, y por los vencedores y seguidores del régimen después de la guerra. Incluso otros escritores al margen de ese régimen pero de confesión católica, como Julián Marías, intentan luego también recuperar a Ortega a su manera.

De hecho, lo que Ridruejo hizo con Machado muerto para luego irse saliendo, muy lentamente, del régimen, se hizo, de verdad, con Ortega vivo. Es significativo al respecto el homenaje a Ortega organizado por Ridruejo y Marías en 1953, con motivo de su setenta cumpleaños o el paralelo que Ridruejo había establecido entre José Antonio y Ortega en una revista de Barcelona (466 ss). Morán alude también a González Álvarez, al que fustiga como sucesor de Ortega en la cátedra de Metafísica de la Complutense y a quien yo conocí, con su traje negro y sus gafas ahumadas, como director del Colegio Mayor Nebrija en los años sesenta; en el Colegio vecino, otro Ridruejo era también director y profesor de filosofía en la Complutense.

Un año antes de ese intento de homenaje a Ortega, la ideología nacional-católica que vertebraba el régimen en la posguerra, ese núcleo conservador o tradicionalista que llevó a Ridruejo a marginarse, tuvo su momento más glorioso en el congreso eucarístico de Barcelona, en Mayo de 1952. De ese congreso recuerdo mi experiencia en el Instituto, curso de párvulos: había que entregar un papelito de adhesión firmado por la familia, que yo devolví bastante arrugado tras meterlo en el bolsillo; grande fue la ira de mi maestro, Gómez Chico. De la fría clase, parte del claustro del Instituto en el que enseñó Machado cuarenta años antes, no recuerdo de entonces sino este suceso y la mano dura de ese maestro, con su gesto siempre severo.

Morán (434 ss.) da todo tipo de detalles sobre la parafernalia del congreso, que sirvió para apuntalar el régimen durante otro cuarto de siglo, con la ayuda, claro, de las bases militares norteamericanas que llegaron al año siguiente.

III

Campos sorianosEn los años sesenta tiene lugar el principio del cambio, incluido el intento de recuperación de Machado en sentido opuesto, o marxista, el que representa Morán y que llega hasta hoy, pasando por Tuñón de Lara como máximo exponente en su libro ahora reeditado. En esta recuperación influye también Ribbans, junto a otros, en su análisis de la poesía de Machado (1971). En la misma línea de Ribbans, Beceiro publica luego su libro (1984), donde desarrolla lo que desde su artículo de 1958 en Celtiberia (nº 15) llama 'visión paradógica' de Castilla en Machado, postura crítica, o negativa, inicial que se va convirtiendo en afectiva o positiva al contacto o vivencia de Soria, aunque mantenidas ambas después de abandonar la ciudad, hasta llegar a una vuelta a las primitivas galerías del alma, cuando el poeta ya desde la lejanía del recuerdo, se limita a evocar el pasado vivido.

Hay que recordar que la 'visión paradógica' de Castilla que Beceiro atribuye a Machado, en cuanto oscilación entre el rechazo crítico y la identificación, es de Unamuno, desde En torno al casticismo, colección de artículos de 1895 que Machado debió de conocer después de 1902, fecha en que fueron publicados como libro, cuando el autor ya había cambiado de opinión. Esas ideas respecto a Castilla y su paisaje, como las de Azorín, incluyendo la noción de 'intrahistoria', proceden del determinismo histórico y geográfico predominante en la segunda mitad del siglo XIX en Europa, en particular, el de Taine y Reclus, como el mismo Unamuno confiesa.

Por otra parte, no deberíamos, según Butt, atribuir al autor, sin más, la voz meditativa sobre Castilla, a veces contradictoria, o 'paradógica', que aparece en estos poemas, en los que apuntan varias voces o perspectivas, como antes también en su libro anterior. Y para descartar cualquier pretensión 'objetiva'en Machado respecto al paisaje castellano basta con citar a Azorín en su obra de 1917 El paisaje de España visto por los españoles :

A Castilla, nuestra Castilla, la ha hecho la literatura. La Castilla literaria es distinta -acaso mucho más lata- de la expresión geográfica de Castilla.

La principal crítica al 'realismo'de Machado después de 1907 llegó en 1973 con el libro de José María Aguirre en el que enlaza toda su poesía con el simbolismo francés. Aguirre dice de Campos de Castilla que parece escrito por cuatro o cinco poetas diferentes, entre ellos el de paisajes con intención patriótica, es decir, el de retórica noventayochista, y el de paisaje simbolista; entre éstos, por ejemplo, 'Campos de Soria', poema que sugiere, más que refleja. No cabe referirse en él a verdadero paisaje castellano, o soriano.

Aquí Aguirre parece incurrir en el mismo error que critica, como si el realismo en literatura no fuera un truco de acumulación de detalles que dan una impresión peculiar o que evocan algo conocido con lo que el lector se identifica empáticamente; por otra parte, ¿cómo identificar el paisaje soriano con el castellano si no es a través de los tópicos o lugares comunes -nunca mejor dicho- noventayochistas sobre Castilla que el lector también conoce?

Ribbans reedita ahora en Abel Martín, revisada, una ponencia de 1989, insistiendo en el cambio de Machado hacia afuera, hacia la "realidad", española o soriana. En ese año de 1989 dediqué una reseña a la edición de Campos de Castilla de Ribbans en la que disentía de éste y otros aspectos y donde citaba al crítico Ramos Gascón y su idea de revisar la producción poética de Machado entre 1912 y 1917 a la luz de la influencia de Ortega. A esto sugería yo utilizar esa influencia para explicar el cambio general en la obra de Machado y su dedicación cada vez menor a la poesía desde entonces, aspecto éste que he ampliado en un libro de 1995 (cap. 13) y en el artículo incluido en Abel Martín a finales de 1997.

Ocurre además que en este mismo año de 1998 Ramos Gascón ha elaborado una amplia introducción para una edición de Campos de Castilla con motivo del centenario del 98, otra más que reproduce el texto del apartado con el mismo nombre de la cuarta de las Poesías Completas (1936). En esa introducción, intenta explicar por qué en 1917 no aparece ese apartado titulado 'Campos de Castilla'y fechado 1907-1917 en el resto de las ediciones de Poesías Completas, aspecto éste en el que yo basaba mis divergencias con Ribbans en 1989. Para Ramos Gascón Machado se encuentra en un 'estado de profunda confusión existencias, que no poética'(32) desde la muerte de Leonor, que le lleva a aferrarse a la escritura, a la política y a la filosofía, de la mano de Ortega, mientras que deja en el camino varios libros de poesía en proyecto.

Así, en la misma línea que yo había sugerido, la heterogeneidad compositiva, ya en Campos de Castilla de 1912, y la confusión existencial harían que en la compilación titulada Poesías completas en 1917 se amalgame bajo el título 'Varia'todo aquello que como proyecto inconcluso hubiera merecido conservarse, a juicio tanto de Machado como de su editor en Renacimiento, Juan Ramón Jiménez, quien recibe el encargo del autor de disponer la edición según su criterio.

La introducción de Ramos Gascón es interesante también por otros motivos. En el aspecto biográfico hace notar que Machado estuvo lejos de apreciar, en principio, la Soria de serrijones pelados o la ciudad misma en la que vivió. Como ejemplos cita'El patriotismo y la marcha de Cádiz', texto de mayo de 1908 y la carta a Rubén Darío de Octubre de ese mismo año, o alude a su viaje de novios y a su solicitud de ir a París.

En cuanto a la interpretación de Campos de Castilla en su versión de Poesías Completas, Ramos Gascón parece seguir, en principio, una línea análoga a la de Ribbans: intimismo simbolista en su primera época y vuelta hacia la naturaleza ya en los últimos poemas de su libro de 1907, despertando al paisaje y a la realidad exterior; sin embargo, resulta que esa mirada nueva de Machado vendría marcada por el impresionismo francés, no es el descubrimiento de nada objetivo, porque el paisaje, dice Ramos Gascón, es construcción cultural y nuestra cultura paisajística de hoy se ha nutrido de lo literario de ayer, que inventó ese paisaje, y añade que debemos también a Machado el habernos conducido a la meditación histórica a través del paisaje, todo ello de manera poco 'noventayochista', ya que abandona la postura cómoda de esta generación y se adhiere al compromiso de Ortega y de la suya para, luego más tarde, cuando ésta se desorienta, adherirse a la causa antifascista.

Aparte de lo discutible de esa separación generacional y de la misma idea de generación, la interpretación de Ramos Gascón no pasa de ser un buen cóctel con ingredientes de Ribbans, Aguirre y Tuñón de Lara, entre otros. En 1998, con Machado en la red, otras perspectivas son necesarias. Después de un siglo, la inconsistencia de una Castilla mesetaria, invención del anterior 98, -Unamuno, Azorín y Ortega sobre todo- raíz o núcleo de España y de lo español y de sus imperiales grandezas perdidas, es más que evidente.

Todo esto contribuye a que los poemas descriptivos o paisajísticos de Campos de Castilla, en cualquiera de sus versiones, estén tan necesitados de revisión y nos parezcan hoy tan heterogéneos como el resto de su producción entre 1907 y 1917, por influencia de ese entorno noventayochista en el que alternan determinismo histórico y geográfico con simbolismo y neorromanticismo, todo ello mezclado con la vivencia concreta de Soria y de su matrimonio con Leonor.

IV

Como ejemplo de esta nueva dirección necesaria, el excelente análisis de John Butt sobre "A orillas del Duero" (poema XCVIII de las Poesías Completas) revisa las lecturas anteriores sobre este poema, tan importante dentro de Campos de Castilla por ir en segundo lugar, después de 'Retrato', y por haber prestado su primer título en las versiones de La Lectura y Tierra soriana a todo el libro.

El texto, en 76 versos en forma de dísticos alejandrinos, nos presenta un narrador que, a mediados de Julio, trepa por un cerro próximo a Soria y descubre un paisaje cuyos contornos le sugieren el pasado militar de Castilla, la reconquista y los descubrimientos americanos, en contraste con su presente ruinoso,

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.

................................................

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.

De la meditación que contrasta pasado y presente, con el declinar del sol, el narrador es despertado por el tañido de la campana que, desde la ciudad, llama al rosario. Veamos con detalle el planteamiento de Butt, referido a las interpretaciones al poema que toma como punto de partida: Aparentemente -dice- nos encontramos ante una elegía de las pasadas glorias nacionales destruidas por el paso del tiempo, en un tono presuntamente regresivo o tradicionalista, si no fuera por el suave anticlericalismo de los versos 61-2,

Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;

Para la crítica dominante desde mediados de los años sesenta y durante los setenta, dividida en dos bandos, la comprometida, de base marxista o no, y la opuesta que considera el lenguaje poético como no ideológico o anti-ideológico, este poema es especialmente conflictivo en su contraste entre la parte descriptiva, de paisaje, y su retórica marcial. Para los dos bandos es difícil conciliar las dos partes en una lectura unificadora, pues la parte ideológica del poema es vista, o bien como antipoética, o bien como contraria a la visión predominante del poeta como un liberal humanista y socialista, o como ambas cosas; por ello intentan en una u otra forma salvar la 'reputación' de Machado, esto es, recuperarlo como Ridruejo, de diversas maneras. Entresacamos algunas, añadiendo nuestro comentario al del propio Butt.

Tuñón de Lara (1967/75: 330), por ejemplo, intenta resolver el problema atribuyendo esa parte de evocación de un pasado grande no al narrador, sino a los reaccionarios que, se supone, el poema denuncia en lo que afirma. Para Predmore (125-6) el poema sería una lamentación tanto del pasado como del presente, ya que las fuerzas semifeudales y fanáticas de aquel, caducadas en otros países, se perpetúan aún. Una lectura parecida a esta sería la de Beceiro (1984:33-36), quien, como Tuñón o Predmore, entre otros, en su lectura ideológica, soslayan lo que para Butt (324) evidencia el poema: que la tragedia de Castilla es que ya no es lo que fue.

Los otros críticos, en cambio, consideran la parte central, ideológica, o meditativa, del poema como algo inferior, por poco poética, a la descriptiva, cayendo a veces en contradicciones, pues no dejan de reconocer que esa parte es, sin embargo, necesaria al conjunto. Es el caso, por ejemplo, de Sánchez Barbudo (180-85), quien declara no gustar de las comparaciones bélicas que Ortega elogiaba, por parecerle más poéticas: 'el poema es, pues, irregular, con trozos mejores y peores, para todos los gustos' (185), no sin haber reconocido antes que los trozos mejores dependen de los otros.

La lectura de Ribbans en su edición de Campos de Castilla (1989: 44) es análoga, al privilegiar la capacidad observadora sobre la especuladora y, por tanto, los poemas en que aquella prevalece, aunque reconoce la imposibilidad de separarlas. Lo mismo cabe decir de la de Terry (23-26), con la particularidad de que relega el tema heroico de Castilla al plano de lo fantástico o imaginario, o de lo retórico y declamatorio, que no debe ser leido literalmente, frente a lo realista, lo vivido, la sensación directa y personal de lo descriptivo.

En línea con la distinción entre un lenguaje poético propiamente dicho y otro discursivo o conceptual, Aguirre (171 ss.) diferencia un Machado simbolista, el de 'Campos de Soria', al que privilegia, de otro alegórico, el del poema que tratamos, el que trata el paisaje con intención patriótica, cuyas imágenes, en vez de contener intuiciones, son cobertura de conceptos y pueden ser parafraseadas en prosa rítmica, aunque esto -añade Aguirre no sin contradicción- no dice nada en contra de la excelencia del poema.

Lo mismo viene a argumentar Salvador, al que Butt no cita, con otros términos, al comparar este poema con el IX, 'Orillas del Duero', compuesto en la primera visita a Soria, en Mayo de 1907, y luego introducido en el libro publicado ese año, poco después. Aguirre y Salvador no hacen sino desarrollar la misma crítica que Machado dirigía ya a Juan Ramón Jiménez y a los del 27, de la que no se libra su propia poesía; mejor dicho, es a lo que su obra tiende cada vez más, hacia los apócrifos. No es casual, por ello, que Ortega (I, 570-4), el primer crítico del poema, elogie sin reservas la supuesta retórica marcial menospreciada luego, que es lo que para él 'da humana revivis-cencia a todo el paisaje' (573), inyectando la historia de Castilla en la materia sensible de colores y de formas.

Privilegiar en poesía lo simbólico frente a lo alegórico, como lo metafórico frente a lo metonímico, es una constante de la crítica de este siglo, dependiente del simbolismo modernista primero y del formalismo después, hasta Jakobson y los estructuralistas. Ya se ha aludido antes, a propósito de Cernuda, a la minusvaloración de lo alegórico en la interpretación predominante de la poesía desde el romanticismo, en favor de lo simbólico, que adquiere un nuevo sentido. Silver, siguiendo a Paul de Man, reinterpreta el romanticismo español y la poesía de Cernuda en términos aplicables igualmente a Machado: Hay otra tradición romántica, la alegórico, que conviene más a la última época de ambos poetas.

El paso que Machado comienza a dar en Campos de Castilla sería hacia esa tradición, aunque añore siempre el simbolismo, contradictoriamente, y lo siga teniendo como paradigma de lo poético, de lo lírico, como el propio Cernuda. Juzgar lo simbólico como superior a lo alegórico es lo mismo que trazar fronteras rígidas entre poesía y filosofía, viendo a esta última sólo como disciplina sistemática o lógica, sin dependencia de la retórica, la cual a su vez es vista sólo en su aspecto negativo, del que la literatura tendría también que desprenderse.

La obra de Ortega no es, en gran parte, sino una puesta en duda de todo eso, y mantenerlo es también lo mismo que decir que Machado se agota como poeta, o se pierde en la filosofía, en el segundo decenio del siglo; los críticos que lo hacen olvidan sus propias 'alegorías de lectura', y que Machado distingue claramente el poeta, con su metafísica, sus ideas, del mero 'señorito que hace versos', y considera a Ortega como poeta.

V

El Duero a su paso por SoriaOtra línea investigadora de menor difusión hasta fechas recientes había incidido ya hace tiempo en la imposibilidad de separar la poesía -o el verso- y la prosa en la obra machadiana y en su evolución relativa desde el simbolismo, destacando las raíces románticas de la misma: un libro de Gutiérrez Girardot es muestra relevante de esta línea, ya insinuada también antes en otros trabajos y después en Baker y en un volumen colectivo (Antonio Machado hacia Europa, 1993) en el que Julián Marías da la nota discrepante al intentar establecer fronteras entre poeta -Machado- y filósofo -Ortega-, que es lo que esta línea investigadora trata de poner en duda.

Ana Lucas, por su parte, igual que Gutiérrez Girardot, sitúa a Machado en línea con el primer romanticismo alemán, el que abogaba precisamente por la complementaridad o tensión entre poesía y filosofía, aunque participando del Barroco -dice- en el uso de la alegoría, igual que luego Cernuda. Esta relación conflictiva entre primer Romanticismo y Barroco -o entre símbolo y alegoría- tiene que ver con la aludida distinción de Silver, con el apoyo de Paul de Man, entre dos tipos de romanticismo prolongados en el siglo XX, el simbolista y el alegórico, de los que participarían, en su primera y segunda épocas, respectivamente, tanto Machado como Cernuda.

Desde esta última perspectiva crítica, al tratar de la poesía de Antonio Machado hasta 1917 habría que andar con cautela y empezar por poner entre paréntesis el presupuesto mismo que el término delata: que esta poesía sea separable del resto de su obra o, desde otro punto de vista, que el resto de su obra no sea también poesía. Como dice Fernández Ferrer en su edición de Juan de Mairena:

En suma, la superstición propia de todo mito literario ha creado la figura de un Antonio Machado poeta , en el sentido más romo y empalagoso de la palabra, intentando mostrarnos sus escritos apócrifos como mero complemento excéntrico de su producción en verso. Por fortuna, sin embargo, tan perezosos lugares comunes son cada día menos compartidos. (1,12)

y señala también que los textos recopilados en Juan de Mairena no son sino el producto final de una larga evolución que se remonta al período de Baeza e incluso al soriano, sobre todo desde 1914 con el cuaderno de Los complementarios; aportaciones complementarias son, para Machado, prosa y poesía, nunca excluyentes o subordinadas la una a la otra.

Lo que ocurre es que, hasta 1917, la obra de Machado se compone sobre todo de poemas cortos publicados en revistas o dispuestos en cuatro o cinco colecciones; después, en cambio, lo llamado prosa pasa a predominar. Lo que cabría sugerir, como hilo conductor de las diferentes perspectivas en las que la crítica reciente coloca a la obra de Machado, es la interpretación de su obra como un proceso en el que la evolución ideológica no sólo no es separable de la estética, sino que la disminución evidente del verso en favor de la prosa a partir de 1917 no es casual y obedece a diversos factores, en relación con el cambio de siglo.

La confluencia, vital y creadora a la vez, de Machado, Ortega y Juan Ramón Jiménez entre 1912 y 1917 no es tampoco fortuita y en ellos se conjuga y complementa la creación por la palabra, un pensamiento poético que destierra al lógico o sistemático, una nueva retórica de comunicación que sustituya a la vieja con la integración entre poesía, filosofía y labor editorial y periodística, todo ello con una finalidad utilitaria y renovadora, o de compromiso, resumida en la frase de Mairena: 'a la ética por la estética'. Es la falta de distinción entre la filosofía sistemática y la otra, o entre 'filosofar'y 'pensar', lo que lastra algunos estudios sobre Machado, como el aludido de Marías.

VI

Volviendo al poema XCVIII, "A orillas del Duero", frente a todas esas interpretaciones en las que subyace, también, el supuesto de su homogeneidad temporal como experiencia única de una tarde de Julio por parte de un único observador y pensador, el poeta, identificado con la voz narrativa, Butt propone ver el texto como diálogo de voces disonantes, una de ellas la de la retórica marcial, de moda antes de la primera guerra mundial, moda a la que Machado, -como Ortega- cansado de la vaciedad de la vida política española, no era inmune, como muestran sus cartas.

Entre los poemas que Butt cita en apoyo de esto figuran algunos de la época de Baeza como 'España en paz'o 'Del mañana efímero', en los que la influencia de Ortega y la Liga para la Educación Política son más evidentes. Pero esa retórica marcial no hay por qué endosársela al autor: señala Butt que 'A orillas del Duero'no puede ser reducido a un mensaje específico y su complejidad estructural no permite que sea parafraseado tan fácilmemente, si lo juzgamos como un todo. La razón es que, por un lado, carece de homogeneidad temporal, como muestran los cambios en el tiempo de los verbos, que oscilan, en los primeros versos, entre el imperfecto, el tiempo de lo ocurrido en un pasado indeterminado ('subía', 'trepaba', 'divisaba', etc) al describir la experiencia inmediata o personal, y el presente, para lo que cae fuera de ella, para lo 'objetivo'('habitan las rapaces...'; 'el merino pace...') pero también para las ideas generales ('Soria es una barbacana...') que dependen de un punto de vista, aunque fuera de lo inmediato narrado, lo mismo que los versos centrales que corresponden a la parte ideológica.

Los últimos versos, que nos devuelven al escenario inicial, no utilizan ya el imperfecto, sino el presente continuo o el narrativo de la experiencia del atardecer, la cual no tiene por qué suceder a la del comienzo:
el tiempo del poema y el de los acontecimientos no tienen por qué coincidir, aunque la lectura normal tienda a superponerlos. Además, estos cambios de tiempo son, para Butt, análogos a los de los otros dos poemas citados que Salvador y Aguirre contraponen a éste, desde e¡ presente intemporal y el narrativo iniciales hasta la primera persona de la experiencia inmediata final, de manera que lo constatativo o asertivo inicial se vuelve meditación personal de un momento efímero en un flujo continuo de emociones cambiantes.

Cabría matizar aquí a Butt que estos cambios de tiempo verbal no los encontramos aún en poemas como el XIII ('Hacia un ocaso radiante...'), anterior a 1907, analizado detalladamente por Siebenmann, en donde la experiencia evocada del pasado ocurre en un tiempo imperfecto a lo largo de todo el poema, incluyendo la meditación personal. No obstante, su similitud estructural con muchos otros más complejos, entre ellos el XCVIII, y el flujo cambiante de la meditación según la perspectiva hacen que que el crítico pueda hablar de 'poemas típicamnte machadianos'.

Butt recoge luego la idea de poesía de Wordsworth que aparece también en Bécquer ('record of the emotion recollected in tranquillity') para aplicarla al poema XCVIII: la última estrofa puede ser vista como el reposado comentario posterior del resto, que es evocado; lo cual, además, nos aclararía lo que Machado entiende por lírica como 'palabra en el tiempo': no expresión de verdades intemporales y autorizadas, aplicables a cualquier tiempo y espacio, que es como Machado veía la poesía barroca, sino producto de observaciones específicas nacidas en una circunstancia o contexto que las cualifica, perspectivas, en suma, en las que mi sentir, como dice el poeta, vibra con otros sentires, no es exclusivamente mío, sino más bien nuestro.

Así, el poema XCVIII no sería sino una variante más compleja, en un libro más heterogéneo, respecto de otros poemas anteriores, en la que los cambios de los tiempos verbales, como cambios de la voz narrativa, se corresponderían con cambios de perspectiva, ninguno de ellos expresando ideas intemporales que puedan ser atribuidas al autor fuera de contexto, olvidando el nosotros, el aquí y el ahora.

En directa relación con esto, Gullón, en su último libro sobre Machado, recupera la idea de espacio - el 'fanal', en Dámaso Alonso (1962)para caracterizar toda la poesía, dándole así unidad: espacios cerrados de primera época, alrededor de cuatro símbolos básicos, el parque viejo, la ciudad muerta, las galerías del alma y las colmenas del sueño; espacios abiertos en Campos de Castilla de 1912, la tendencia a exaltar al hombre del trabajo cotidiano, y la exaltación del pasado, imaginado mejor que el presente, o mejor de lo que fue-, pero al revés, es decir, la desmitificación de lo castellano propiciada por el primer Unamuno y luego invertida, o Don Quijote vuelto del revés una y otra vez. A partir de 1912, los espacios del recuerdo -elegía fragmentada-, primero, y de la meditación, después, bajo la sombra, todavía, de Unamuno y Bergson.

La idea de perspectivismo en Machado estaba ya sugerida también en Claudio Guillén, quien señala la mezcla de narración, descripción y meditación en Campos de Castilla y su compatibilidad en la inmediatez vivida del recuerdo, diálogo en temporalidad múltiple; idea también expuesta por Debicki, en el mismo volumen, al relacionar el empleo de un hablante cuya perspectiva varía y se desarrolla a lo largo del poema con el conocido estudio sobre el monólogo dramático de Robert Langbaum.

Para Langbaum la poesía moderna, desde el romanticismo y su idea de la disolución de los géneros, adopta el monólogo dramático como forma de disgregar los sentidos objetivos, en paralelo con la ausencia de una norma exterior moral que mida y conecte los acontecimientos. Sólo quedan perspectivas, monólogos dramáticos superpuestos; el poema debe ser dramático para poder ser lírico, aporta sus propios valores o ideas para disolverlos antes de que puedan ser juzgados, convirtiéndolos en aspectos biográficos, manifestaciones de una vida que se justifica a sí misma. Nada mejor para ser aplicado a la obra de Antonio Machado.

Pero sigamos, con Machado en la Red, discutiendo sobre su vida y obra, que es también en buena parte la nuestra. Todos tenemos ahora, con el permiso de Doménech, abiertas las puertas electrónicas e instantáneas de Abel Martín, sin necesidad de papel.

REFERENCIAS

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Gredos: 1962, pp. 137-184

AGUIRRE, J.M. Antonio Machado, poeta simbolista. Madrid: Taurus, 1973

Antonio Machado hacia Europa. Actas del Congreso Internacional (Turín,1990), Madrid: Mº de Cultura/ Visor Libros, 1993

BAKER, E. La lira mecánica: En torno a la prosa de A. Machado. Madrid: Taurus,1986

BECEIRO, C. Antonio Machado, poeta de Castilla. Valladolid: Ámbito, 1984

BUTT, J. "Embarrassed Readings of Machado's 'A orillas del Duero"', en Modern Language Review, 86 (1991) 322-336

DEBICKI, A.P. "La perspectiva y el punto de vista en poemas descriptivos machadianos", en Estudios sobre A.Machado, J.Angeles, ed., Barcelona: Ariel, 1977, pp. 163-175

DOMÉNECH, J. "Sobre la publicación de Campos de Castilla ", en ínsula, 594 (1996) 3-7.
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FERNÁNDEZ FERRER, F. A., ed. A.Machado. Juan de Mairena. Madrid: Cátedra, 1986.

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GULLÓN, R. Espacios poéticos de A. Machado. Madrid: F. March / Cátedra, 1987

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- La superación del 98 por Antonio Machado', Ibid. (1975) pp. 315-358.

© Carlos Moreno Hernández
Celtiberia nº 92

 

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