Elsa Teresita Vila de Dios

 

Evocación soriana

En la torre
aparecen  las cigüeñas inventadas,
los portales de las casas,
las iglesias románicas…,
 te recuerdo pueblo,
habitando en mi alma.

Puedo ver el mundo
donde el cielo se acaba.

 Un viento
que penetra en todas las ventanas
me busca , me llama.

 Me entrego
a ese paisaje innovado.
Crezco en las estrellas, en los  rostros lejanos.
¡Brilla mi mundo!
 Mientras los recuerdos se unen,
 no entiendo qué pasa.
Cierro mis ojos, me adormezco,
me imagino en tu plaza.

© Elsa Teresita Vila de Dios, 2012

 

Sorpresa

            Recuerdo que había amanecido en Soria, esa ciudad que una y otra vez había cautivado mi corazón. Serían las ocho o las nueve de una fría e impulsiva mañana de invierno, y aún no había visto a Teresa. En unas horas, volvería al trabajo que me había llevado a esa entrañable tierra. Miré por la ventana del hotel y, de pronto, sin pensar más, me escapé hacia la calle. Creo que era ella la que guiaba mis anhelos.

            Caminé hacia el deseo que se iba haciendo cada vez más palpable. De pronto, ahí frente a mí, aparecía el Convento de la Santísima Trinidad. Los muros  presentaban una cierta sobriedad , un enigma sin develar. Sin pensar más, empujé la puerta e ingresé con la embriaguez de mi espíritu siempre incandescente.

            Respiré nuevamente ese aire de amor unitivo en donde el alma se consume en su “fuego divino”; la forma, la sencillez y, al mismo tiempo, la majestuosidad de ese entorno me condujo a una dimensión especial del tiempo. Me pareció ver a Teresa, ahí, inclinada, rezando y ofreciéndole a Jesús sus sacrificios, sus renuncias, su desasosiego movido por la incomprensión. Pensé en su entrega; en lo que cavilarían otras mujeres castellanas al saber de su arrojo y decisión.

            Me parece que hasta hablé con ella un par de minutos, y el misterio con la conjunción de creación y maravilla del lugar me devolvieron, mágicamente, a una rutina que ya no sería la misma.

© Elsa Teresita Vila de Dios, 2011

 

Luz, en Soria

“ El esfuerzo de clavar en Dios la mirada y el corazón, que llamamos contemplación, es el acto que aún hoy puede jerarquizar la inmensa pirámide de la actividad humana.”

Pablo VI, Homilía del 7 –12-1965

 

La provincia de Soria envuelve al castellano en un misticismo propio. El conocedor del alma de esa tierra no puede caminar desorientado por ella. Saltará en su corazón un Duero personal, sereno en muchas ocasiones, pero turbulento en otras.

Al llegar a la capital de la provincia, el amante de la poesía sentirá la mano, la calidez y la profundidad del espíritu del gran poeta Antonio Machado.

Convento de Santo Domingo (Soria)Si recorre pausadamente las calles , encontrará el hermoso convento de Santo Domingo, fundado en el siglo XII. En su interior, hay una luz, una luz que recibe el calor de un grupo de monjas clarisas, que ha dedicado su existencia a la vida contemplativa.

Esta entrega incondicional no es comprendida por muchos; las personas piensan , a veces, que el consagrarse a la vida de oración y de obediencia no tiene un sentido específico.

En múltiples ocasiones, el hombre y la mujer recurren a buscar esa oración sincera, que emerge de los corazones religiosos que allí se encuentran y que, seguramente, les trasmitirá paz.

En ese convento, sirve, no es servida, la hermana María del Camino. Su gracia, espontaneidad y amor cándido aparecen en breves poemas que escribe para alegría de todo aquel que haya olvidado un poco que la humildad y el amor esperanzado existen en medio del descarnado desprecio humano.

En la actualidad, sus versos corren copiados de mano en mano, especialmente los que denotan su dulzura:

 Nace Jesús en los niños
que no encuentran un establo,
ni unos ojos que los miren,
ni unos besos, ni un regazo.
Van buscando una posada,
pero se la van negando;
y mueren, porque no hay sitio
y porque están estorbando.

 Nuestro egoísmo, nuestra hipocresía nos llevan, muchas veces, a actuar en forma despiadada, y María del Camino nos llama a la reflexión con sus versos:

 Son profetas de estos tiempos,
y son mártires cristianos
las víctimas inocentes
por Herodes condenadas
a morir sin saber cómo,
sólo por odio infundado,
y Jesús muere con ellos,
pero no es muerte, es traslado.

 Quizás , estas palabras llenas de un gran sentido religioso suenen lejanas, pero no podemos apartarnos del único mensaje que podrá dignificarnos en la condición de hombres: EL AMOR AL PRÓJIMO.

Esta clarisa es clara, y no es juego de palabras, porque sus expresiones son diáfanas, tersas, despejadas:

En el silencio te busco,
en el silencio te veo,
en el silencio te escucho,
y en el silencio te encuentro.

 En el poema “De aquel avión tuvo celos”, despide a un sacerdote peruano que encontró su muerte en el aeropuerto, luego de haber acompañado a las monjas en sus momentos de meditación. El dolor, el cariño y el agradecimiento se amalgaman en cada uno de estos versos:

 Querías ir tu patria,
al Perú de tus ensueños,
te encontrabas en Madrid,
   y ahí en el aeropuerto,
con el billete en la mano
y equipaje de viajero,
la hermana muerte llegó,
te miró los documentos,
y al ver tu alma tan santa,
de aquel avión tuvo celos,
y tomándote en sus alas
te llevó a un país más bellos,
pero...¡Qué vacío nos dejas!
¿Quién ocupará tu puesto
en nuestra orden, en Roma,
en Valencia y los conventos?
Padre, no nos olvides,
desde la patria del cielo,
a los que estamos llorando
tu muerte, en este destierro.

 Soria me regaló un amigo, don Antonio Machado, que sólo conocí a través de sus poemas y que amé intensamente al encontrarlo en la ermita de San Saturio, en la ribera del Duero, en los álamos dorados; y a una amiga, la religiosa María del Camino, que ha dedicado ya más de treinta años a la contemplación de Dios. Muchos llaman a este estado contemplativo la oración ininterrumpida o la oración de fuego . Es – no cabe duda- una experiencia que desafía todo análisis, una fuerza irresistible que se apodera del alma.

Con tu entrega, hermana, has cumplido con la hermosa misión de arder, no de iluminar, en la Iglesia.

Nota: Sor María del Camino García se encuentra en la actualidad, en el Convento de Santa Isabel de Medinaceli

© Elsa Teresita Vila de Dios, 2004

 

 

Te recuerdo, Soria

En mi alma te encuentro,
Soria húmeda,
fría y crepuscular.
Te camino zigzagueando cada día,
cada mañana, entre el tumulto de tu calle,
y respiro el amor de Antonio, el de Leonor.

Me resulta muy fácil recordarte,
tengo en mi memoria los tejados escarchados de las casas,
siento y busco la cigüeña del campanario,
el olor del café recién molido,
los niños de Soria,
los ancianos callados , misteriosos,
y entonces,
me muero a cada instante,
para resucitar en lo que aún llevo grabado.

Medito mi vida,
y me encierro en el laberinto del juego de mi alma,
incansablemente te persigo,
Soria querida
y te atrapo sostenidamente.
Porque quiero que te quedes siempre
aquí conmigo,
porque estoy subiendo a la ermita,
y no quiero equivocarme de camino.

La mañana es fría, circunstancial,
atemporal,
en la ilusión de mi vida
Soria, te llevo.

Ermita de San Saturio (Soria)© Elsa Teresita Vila de Dios, 2005

poema

Para Leonor Izquierdo de Machado
(click! para leer el poema)

 

 

 

SUMARIO

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