Javier Narbaiza

novela

Paseo de Portales

II

Portales de El Collado (Soria) de Diego BernalPara nada hubiese imaginado el regreso a mi ciudad natal, cinco días antes, cuando acudí a comer a casa de mi padre con motivo de su setenta y nueve aniversario. Me sorprendió su recibimiento, sin zapatillas ni bata de cuadros, afeitado y vistiendo un traje gris marengo de reciente confección. También percibí, además de una mirada despierta que últimamente no prodigaba, que en ambos oídos había incorporado unos nuevos y minúsculos aparatos para la sordera.

Nos sentamos a la mesa, y mientras la vieja Lorenza servía el asado, me explicó que estaba entusiasmado con la adquisición de unos "sonotones de alta tecnología" y, obviamente, constató el elevado precio que había pagado, antes de iniciar el ritual interrogatorio acerca de los estudios de sus nietos, desde cuyo tema pasó a la lamentación por los parvos intereses que en la actualidad concedía la banca al capital ahorrado.

Apurados los postres y mientras tomábamos el café, con su consabido carraspeo para marcar las pausas, anunció que había pensado entregarnos, tanto a mis hermanas como a mí, algunos cuartos, a cuenta de la futura herencia. Apagado el televisor procedió a acercar un cartapacio en el que se aglomeraban hojas con dibujos y diseños de estatuas yacentes y retablos coronados, con lo que pasó a su prédica:

" Bueno, hijo, veo tu cara de sorpresa e incredulidad cuando he mencionado lo de daros algo a cuenta de lo que cualquier día os pueda corresponder, y ahora, conseguida tu atención y aprovechando que estamos tranquilos y solos, te pido que no me interrumpas en mi discurso, ya que quiero proponerte una tarea que, me temo, te va a parecer un tanto extravagante - y no es la primera vez que mis decisiones os causan sorpresa-, al igual que cuando me entró la obsesión de comprar el piso en el que ahora nos encontramos, que era un principal, como se decía, desde el que se contemplaba el reloj de la Puerta del Sol con solo abrir la ventana. Para los de provincias, en este caso para los de Soria, la Puerta del Sol de Madrid se nos hacía el cogollo de España, o sea lo más importante del mundo. Después de la forma en la que tuvimos que salir de allí cuando lo del Agromán, tras empezar de cero y conseguir a base de trabajo y de esfuerzo ganar mis buenos duros, tenía ese antojo, y me di el gustazo de concedérmelo..

Pues en este momento, y a mi edad, el cuerpo me pide otro capricho y no tengo mas remedio que encargártelo a ti, Saturio, porque ésto no es asunto para tus hermanas ...

Queda tranquilo y no temas que te vaya a solicitar nada complicado, pero se me presenta un impulso tan fuerte como el que en su día me dio de contemplar el reloj de la Puerta del Sol, y lo único que lamento es que vuestra madre no pueda ver, como tú ahora, con sólo mirar desde el balcón, que son las tres y veinticinco...

Adquirido este piso, que recordarás fue por el setenta y uno, me pasaba las horas muertas mirando hacia la plaza y me parecía que era un sueño vivir en este lugar y contemplar tanto ajetreo y animación, y no digamos lo que suponía presenciar desde tan privilegiada barrera el repique de las doce campanadas y, debajo, a todo el gentío, con sus paquetes de uvas, celebrando el Año Nuevo. También me gustaba mucho encontrarme en los aledaños a paisanos conocidos que venían a Madrid por las fiestas de San Isidro y transitaban por la calle Victoria a sacar los billetes para los toros. Así, que con cuantos me topaba y reconocía aprovechaba para charlar un rato, de paso me ponía al día en las noticias y sucedidos de allá, y para rematar, los convidaba a unas gambas en "el Abuelo" si bien, antes de despedirnos, les señalaba dónde se encontraba mi vivienda:

"Ahí en la misma calle Mayor, encima de la renombrada confitería de La Mallorquina. Los siete ventanales que dan a la plaza, son todos de mi casa, que es la tuya. . . ", para añadir con sonsonete:

"Y supongo que te enteraste de cómo tuve que salir de Soria en el 67, cuando lo de Agromán... ¿Te acuerdas?."

Sí, sí, la verdad es que se acordaban, y yo enfilaba hacia el portal, muy ufano y satisfecho... En fin, Saturio, que ha sido para mí un motivo de orgullo el poder soltar a todo el mundo que después de irnos nos habían marchado bien las cosas al dedicarme a la construcción y contar al personal las barriadas de casas baratas y las galerías comerciales que había desarrollado y, en consecuencia, que me había hecho con un patrimonio respetable, con la intención de que de algún modo la noticia se fuese corriendo por Soria, por El Burgo, por Almazán y por el campo de Gómara... Sería un defecto, puta vanidad, lo sé, pero hijo, era mi hora de sacar pecho y como me lo podía permitir, pues presumía y punto... Y ahora, como te iba diciendo, se me ha metido en la cabeza otro antojillo, que me temo va a ser el último en mi vida, pues a estas edades, ya se sabe, cada día supone un regalo, y me temo que va siendo hora de retirarse... Como de los remos ando bastante jodido, no tengo mas remedio que endosarte el mandado, que verás no es nada difícil de cumplimentar. El asunto es que me gustaría que te dieses una vueltecilla por Soria - y entiendo que también a ti desde lo del Agromán, y a pesar de lo joven que eras, tampoco te quedó cuerpo para retornos y me indagases sobre el asunto que te voy a proponer. Mi capricho es que cuando muera, me enterréis en el cementerio de El Espino pues he pensado que en un camposanto de Madrid, me iba a sentir cómo en ajeno y entre tanto desconocido... Esto, dirás, no representa ningún problema cuando se tiene dinero para el traslado y para la sepultura. Más lo que yo pretendo es que mi tumba sea, con mucho, la mas aparente y señorial de todas que hay en El Espino.

En este aspecto te diré, que tengo ya claras mis ideas; por lo que, antes de pedir presupuestos y encargar tareas, te encarezco que escudriñes detenidamente por el camposanto y me des cumplida cuenta de qué familias en estos más de treinta años se han destacado en la f ábrica de los panteones y me traigas imágenes de los más llamativos ... Fíjate, sobre todo, en la tumba de Don Epifanio Ridruejo Botija, que era el personaje más rico e influyente de la provincia y que según leí en la esquela del ABC debió fallecer allá por el 86...

Bueno, y aprovechando tu viaje a la tierra, se me presenta el capricho de comer patatas con congria rancia... No he vuelto a encontrar congria rancia desde que salimos de Soria... No sé si te acordarás que eran unos peces resecos y con agujeros que se veían colgados en las tiendas de ultramarinos ... Tengo verdadero antojo y antes de irme al hoyo, quisiera disfrutar con un guiso... ¡Ah!.. y otra cosa, que digo Saturio, que supongo que te llevarás el Mercedes nuevo... 

© Javier Narbaiza 2000
(El capítulo aquí publicado, pertenece a la novela Paseo de Portales, es © del autor y con permiso de la editorial)

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