Javier Narbaiza

Notas biográficas     Entrevista
Novelas: Paseo de Portales (2ºcapítulo) - El día en que volvimos a la Universidad Laboral (2ºcapítulo)
Relato: Balada triste de Menorero (relato de Recomenzar)
Ártículos: Entrevista a Avelino Hernández - Entrevista a Elena Diego Marín - Entrevista a J. A. Pérez-Rioja - Entrevista a González Sainz
Comentarios de sus libros: Conversaciones con la Soria ausente - El día en que volvimos a la Universidad Laboral - Recomenzar - Paseo de Portales

entrevista

Javier Narbaiza o amar Soria desde la distancia

A Javier Narbaiza, soriano de los que se fueron un día, profesional del derecho y escritor de fin de semana, no le gustan las entrevistas. Y desde luego no es por timidez, ni por ausencia de facundia ni por falsas humildades. Javier Narbaiza me manifiesta su pánico a tener que ponerse en formato intelectual. Confiesa, que si algo rehuye es lo de teorizar sobre su literatura o sobre las manidas preguntas que obligan a respuestas impostadas. Me insiste inicialmente en que todo lo que tiene que decir sobre la Soria de su memoria, aparece en su Paseo de Portales.
El personaje, cuando lo conoces, no resulta nada fiero ni hosco. Desde el cotejo de su cotidiana y frenética actividad, dictando aceleradamente demandas judiciales, atendiendo a clientes, y, sobre todo, mandando mucho a secretarias y pasantes, a la entrevistadora le cuesta entender que este soriano, hiperactivo y nervioso, pueda sacar tiempo para la literatura y que pueda hacer compatible su perceptible agresividad como abogado y hombre de negocios, con su vocación literaria y una obsesión de contador de historias. Antes de salir del despacho, Javier Narbaiza, se quita la corbata como si fuese una soga perversa y aparece su faceta de Mister Hide convirtiéndose inmediatamente en un señor que pasea tranquilo por su barrio noble de Madrid como cualquier soriano por El Collado. Conoce a porteros, churreros y a chicas de tienda, se para cada dos minutos para charlar con un conocido y después de hacerte caminar un buen trecho, porque le gusta poco ir en coche, entre tortuosas y galdosianas callejas, acabamos en un restaurante que en el que en su día, cuando fue taberna de estaños y cartelones de corridas de toros, debieron recalar Baroja y García Lorca..

Sitúa en el tiempo a Javier Narbaiza en Soria.

Javier Narbaiza, que para las literaturas y por lo de las eufonías y sonoridades, omite a estos efectos el apellido paterno, al igual que lo hizo Gustavo Adolfo Domínguez Bécquer, nació en Soria por la mitad del siglo. Realmente, soy de Almazán, pero al ser el primer hijo y por los lógicos remilgos de mi madre, que venía de una buena y delicada familia vasca, nací en Soria en la clínica San Saturio. Mis otros tres hermanos menores, ya hecha mi madre a la costumbre de la tierra, e imagino que para evitar el gasto de la clínica, nacieron en nuestra casa en Almazán, como todo el mundo, con partera, auxilio de vecinas y un trajín de barreños de agua.
Viví en Almazán hasta los ocho años y al entrar mi padre como funcionario en la Concentración Parcelaria, pasamos a vivir a la capital de la provincia. Allí permanecería hasta los diecisiete años, muchas de cuyas vivencias y percepciones cuento en mi Paseo de Portales.

En otro de tus libros El día en que volvimos a la Universidad Laboral, el personaje también es soriano, y cuenta su memoria escolar en uno de esos Centros, creados por el franquismo y que fueron las Universidades Laborales.

Obviamente tras ese personaje llamado Elías Vivar, se desarrollan muchas experiencias propias de mi estancia en la Universidad Laboral de Gijón. Cuando tenía trece años y al ser un estudiante ramplón de bachillerato en los Escolapios, mi padre tuvo la "feliz idea" de solicitar una beca para estudiar en una Universidad Laboral, que eran unos centros que por aquellos años se dedicaban exclusivamente a impartir una Formación Profesional de prestigio. El resultado fue el de un fracaso absoluto dada mi total incompatibilidad en la manipulación de cualquier artilugio mecánico. En aquel internado, si bien no consiguieron hacer de mí un buen fresador, el caso es que entre los olores a taladrinas y otras referencias ambientales que cuento en el libro, creo que espabilé y empecé a descubrir que tenía unas capacidades que iban por otro lado. El caso es que perdí la beca, volví a Soria, estudié bachiller superior en el Instituto y es cuando me estrené con mi entonces amigo Carmelo Romero como meritorio de periodista en el "Hogar y Pueblo" que dirigía Fidel Carazo. Era el año 1966 y compartíamos una columna titulada " Desde el Alto Espino".

Dices que tu paso por la universidad laboral te determinó en el conocimiento de tus talentos.

Sí, sin ninguna duda. Te preciso. La mayoría de las Universidades Laborales estaban regentadas por órdenes religiosas. La de Gijón, la llevaban los jesuitas. El sistema escolar era muy rígido y la exigencia académica muy fuerte. También he de reconocer que aquella universidad laboral constituía una de las muestras propagandísticas del régimen de Franco, con unas instalaciones increíbles y mucha cantinela con lo de la promoción social y demás leches. Más a mí me vino maravillosamente. En primer lugar salí de Soria, cotejé nuevos horizontes y me relacioné con gentes de toda España. Fueron muchas las circunstancias que propiciaron mi descubrimiento de los libros y una pasión por la literatura y al tiempo encontré a jesuitas de alto nivel intelectual quienes me apoyaron y creyeron en mí aceptando y tolerando mi inhabilidad para lo técnico además de mi descreimiento religioso y una tendencia a lo irreverente, que, aunque atenuada, todavía mantengo.

¿Cómo te decidiste a escribir sobre un tema "políticamente incorrecto" como ha sido la reivindicación de las universidades laborales, obra predilecta del franquismo?.

En el estudioUna de las metas que me tracé en la vida ha sido la de conseguir que me resbalase cualquier tópico y que me preocupase muy poco lo políticamente correcto o incorrecto de mis escritos o de mis actitudes personales. En su día me percaté que ante todo quería ser independiente y no dejarme atar por compromisos o disciplinas. Todos mis esfuerzos los he encaminado a crearme las mínimas dependencias con instituciones, personas físicas o jurídicas. Elegí ser francotirador, ir por libre, y hasta la fecha me ha salido muy bien la jugada. Y como lo de escribir lo hago sólo porque me divierte, me entretiene y hasta sirve para conocer a gente maja, elijo mis temas entre lo que me motiva o me interesa, sin tener que preocuparme de otras cosas y menos del factor económico. Por eso, en uno de mis veraneos en Gijón, haciendo footing en solitario por aquel impresionante edificio que es la Universidad Laboral, constatando el deterioro y la dejación de tan notables arquitecturas, decidí contribuir a evitar que cayese en el olvido lo que supusieron las universidades laborales. Por las mismas pasamos cerca de trescientos mil alumnos, la mayoría de los cuales se forjaron allí humana y profesionalmente. Hoy, cuando comparamos, desde la edad y ante el actual y penoso cuadro de las perspectivas escolares para los jóvenes, muchos valoramos forzosamente el resultado de aquellos Centros. Más mi libro El día en que volvimos a la universidad laboral, no deriva en juicios históricos ni otras trascendencias, sino trata, esencialmente, de seguir la cronología de aquellas instituciones y, sobre todo, de recrear un retablo contrapuntístico de anécdotas escolares, lenguajes y latencias de intrahistoria que recomponen la vida del internado.
Hoy, celebro que ha sido el primer libro publicado que se acerca al tema de las Universidades Laborales y sobre todo, que mi "ficción" ha cristalizado en un primer reencuentro de Antiguos Alumnos, que se celebró en el pasado año en Gijón y en el que nos volvimos a ver más de mil personas, después de más de treinta años.

Cada libro tuyo, va a una zona de la memoria personal.

Esencialmente sí. Uno, al menos hasta ahora, ha tenido la percepción de autor tardío, y obviamente, buscando seguridades, procura encauzar sus pasos literarios por zonas, momentos y paisajes conocidos. Por tanto, en mi primer libro "Recomenzar" , que es un ejercicio de relatos cortos, intenté reflejar distintos encuadres sobre situaciones más o menos personales y recopilar manuscritos antiguos. Después, en " De vuelta al paraíso" me fui de excursión a otra etapa de mi vida, que fueron los últimos años del franquismo, y reflejo la atmósfera de lógico desafuero, agitación y fornicio, experiencias que le presto a mi protagonista, después de mi reprimida adolescencia soriana... A continuación prosiguieron mis viajes en el tiempo a la Universidad Laboral y a la Soria de los años sesenta....

¿Cómo se ha acogido en Soria Paseo de Portales?.

Creo que bien y cuando digo bien deduzco que con división de opiniones. A las pocas semanas de la publicación, sólo en la librería Las Heras se habían vendido más de doscientos libros. En la editorial ya me han anunciado que piense en una segunda edición, y estoy estudiando acompañar al texto con fotos de personajes que salen en el libro. Le he trasladado la posibilidad a Lafuente Caloto, que pienso tendrá un archivo documentado y completo. De momento es simplemente una idea ....

Algún soriano ha afirmado que tu Paseo de Portales se ha inspirado en un libro, de próxima edición, titulado El Sauce Llorón y que fue escrito por el fallecido periodista Luis Pita.

Ya me ha llegado algún comentario al respecto y el asunto no me lo puedo tomar en serio. No tengo inconveniente alguno en afirmar que en su día, concretamente en Agosto de mil novecientas noventa y nueve, leí, a través de mi antiguo compañero de los Escolapios, Moncho Pita, las galeradas de unas memorias póstumas de su hermano Luis - que yo creía que en la actualidad ya se habían publicado-, en las que proclama su encendido amor a Soria y que narraban con gracia literaria, sus nostalgias, avatares de juventud y otras peripecias familiares amén de su soñado pregón a las fiestas de San Juan. En aquella fecha yo ya llevaba muchos meses elaborando mi novela soriana en torno a la cronología de la "estafa del Agromán", y pasando muchas horas en la Hemeroteca nacional rastreando viejos periódicos sorianos y rebuscando en las alforjas de mis propios recuerdos. Obviamente, en cualquier libro que trate sobre el acontecer de los años sesenta , y a pesar de la difencia de edad entre Luis Pita y yo, tuvimos el mismo paisaje y otras coincidencias de paisanaje, por lo que en la recreación de ese tiempo, tiene que haber forzosas coincidencias. Como las hay en otros libros ó relatos publicados que se refieren a la misma época. Por ejemplo, Javier Marías en su "Negra espalda del tiempo" también también se refiere al excéntrico Manolete o al Eliseo. Y que yo , desde otra perspectiva que Pita, me refiera por ejemplo a la división de opiniones que generaba la figura del banquero Don Epifanio Ridruejo, o saque a relucir asuntos del rodaje de "Doctor Zhivago" o de las peripecias del Numancia , o de que en los colegios de los curas nos daban mucha leña, o cite a las barcas del Augusto, no son sino concomitancias y lugares comunes, tratados desde distintos puntos de vista. De todos modos, estoy seguro que cualquier soriano con mínimas luces intelectuales una vez cotejados ambos libros concluirá en que no tienen absolutamente nada que ver. No obstante, si algún crítico de secano o zascandil desocupado quiere atizar la polémica, no vendría mal para la venta, y si esto sirve para que la gente compre y lea libros , pues mejor para todos....

Desde la aparición de Paseo de Portales... ¿Qué has recuperado de la Soria que dejaste?.

Muchas cosas. Desde luego he recibido muchas cartas y e-mails , en general entusiastas y efusivos. A alguno de los citados no les ha gustado que los haya mencionado, y tampoco quiero entrar en polémicas. Reitero que no se trata ninguna memoria personal, sino simplemente he escrito una novela con mucha dosis costumbrista . En la novela hay una trama y la necesaria carga de ficción o enmascaramiento de personajes. Muchos recuerdos parten de situaciones que el escritor presta al protagonista, más el autor, que goza de una extraordinaria memoria, si tiene conciencia de lo que es real o apócrifo. Otros amigos me cuentan cosas que comentan algunos sorianos y, por ejemplo, me trasladan que a los sucesores de los titulares de los billares de la plaza del Olivo, les ha disgustado que definiese al establecimiento como "sotanillo nebuloso e insalubre". Lo siento, pero no me arrepiento de los calificativos. En el sotanillo, que recuerdo lo tenían, dentro de lo posible, curioso y hasta echaban fru-fru con olor a limoncillo, como en el cine Proyecciones, aprendimos todos los chavales a fumar y el ambiente obviamente era cargado e insalubre. O sea, malo para la salud. La anécdota no tiene más comentario, pero uno deduce que en algunos sorianos permanecen las excesivas suspicacias.
De lo positivo, muchas cosas. Desde mi agradecimiento a la Casa de Soria en Madrid, que me recibió como "hijo pródigo", hasta los sorianos que se desplazaron el día de la presentación o los estímulos de Pérez Rioja, de Inés Tudela, o emocionantes misivas como la de mi amigo Juan Francisco Delgado, hoy decano de los Notarios de Asturias, en la que me relata con detalle las palizas que recibió en los Escolapios, y otras travesuras escolares. Otro antiguo compañero, desde Barcelona, me sugiere una reunión en Soria, de los que estudiamos en los primeros sesenta en los Escolapios, y perfila el encuentro, volviendo a formar de a dos en el patio, con curas con sotana, a golpe de silbato y todos con bata de rayitas que luego nos llevaríamos como recuerdo...

En tus futuros proyectos literarios. ¿ Tomarás a Soria como tema?.

En principio no lo pensaba. Soria supuso una parte importante de mi vida, unos recuerdos de una época en la que me planteaba las grandes preguntas, y el sueño adolescente de llegar a ser algún dia como un Hemingway bajito y viajero. Concluido el Paseo de Portales, una vez metidos los ejemplares en cajas, se acababa la historia y pensaba continuar con otros distintos y alejados proyectos, algunos ya en fase de documentación. Más en mi último viaje a la provincia me llegué al pueblo en el que donde vivieron mis ancestros y donde mi abuelo, a quien apenas conocí, ejerció como maestro. Todavía, entre las escasas viviendas que quedaban en pié estaba la casa de mi bisabuelo, que fue abarquero, y alguno de los vejetes con los que pegué hebra habían sido alumnos de mi abuelo Santiago. La situación me dio un argumento, hasta el punto que el tema empieza a apasionarme y veré si consigo sacar otro libro, cuya trama se desarrolle en un entorno rural, asunto que me atrae a pesar de mi mínimo bagaje de conocimientos sobre materias rurales y agropecuarias.

¿Y lo de volver a Soria algún día...?.

¡Mujer! A lo mejor, cuando las fuerzas remitan, pienso como mi Plácido Moreno y quiero que me entierren en El Espino. De momento, vivo muy bien y muy cómodo en Madrid, sigo la marcha del Numancia, mi amiga Vivi me llama desde Barcelona y me cuenta quien se ha muerto, de vez en cuando me reúno para comer con Jesús Borque, me tomo mis vinos en un bar de sorianos en la calle Castelló, y recomiendo a todo el mundo un restaurante sito en la calle Argensola, cuya cocina comanda Dioni, que es de Vinuesa. Creo que a Soria también se la puede sentir y amar desde la distancia.

Celia Duañez

 

Breves notas biográficas:

Javier Narbaiza, es la firma literaria de Javier Domínguez Narbaiza, de familia originaria de Almazán y nacido en 1949 en Soria capital por motivos higiénicos.
A sus diecisiete años, en los que mantenía una sección en el trisemanal SORIA. HOGAR Y PUEBLO titulada "Desde el Alto Espino" fué un soriano más de  los de la diáspora,  pasando a recalar en Madrid donde cursaría estudios de Periodismo, Filosofía y Letras y Derecho dedicándose desde hace veinticinco años al ejercicio de la Abogacía. Ha compaginado dicha actividad con la elaboración de guiones televisivos, el periodismo y varias iniciativas empresariales.
En sus incursiones narrativas ha publicado Recomenzar (1998), libro formado por relatos que desarrollan peripecias en las que aparecen abogados, sepultureros, pobres adecentados, chicos del 68, vecinas golfas, amantes abandonados, autores plagiarios, maridos consentidos, opositores con tema, alumnos vengativos, tenderos insalubres, padres que se fugan, políticos trileros o jubilados que evocan la entrañable vida en el presidio.
En su obra De vuelta al paraíso (1998) se relata la vivencia en el estrecho marco provinciano de una capital castellana de un funcionario con veleidades de poeta, que tras separarse de su mujer retorna a Madrid al borde de los cincuenta años, buscando sombras de referencias esfumadas.
Editado por LIBROS DE LA MEMORIA, El día en que volvimos a la Universidad Laboral (2000), es un memorial de vivencias escolares de lo que fueron aquellos centros de formación profesional creados durante el franquismo en los que cursaron cientos de miles de españoles con escasos medios económicos.
Por último acaba de editarse Paseo de portales (2001), su última novela que tiene como gran protagonista la ciudad de Soria.

 

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javier@javiernarbaiza.com
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