Pedro Sanz

relato

"La graciosa historia del rebuzno"

 

Pasillo cómico tomado del Capítulo XXV (2ª Parte) del Quijote
Homenaje a don Miguel de Cervantes

 

Don Quijote, Gustavo Doré

 

(Don Quijote y Sancho van camino de Zaragoza y se encuentran con un joven que marcha a embarcarse en Barcelona como soldado en los tercios de Nápoles, ­recuerdos, sin duda, de lo que sucedió al propio Cervantes en su juventud. Y mientras hablan, llegan a una venta… Será en este preciso momento cuando aparece la VENTERA, una mujer vestida de época: saya larga, blusa blanca y pañuelo en el pelo. Limpia afanosamente una mesa. Se dirige al público y a partir de este momento la VENTERA se convierte en la narradora del relato)

 

 

VENTERA: Pues sepan vuestras mercedes que un buen día, yendo nuestro hidalgo y su escudero camino de Zaragoza, se toparon con un mozo que marchaba a Barcelona con la intención de embarcarse como soldado. Y quiso la suerte que andando en provechosa plática dieran con esta venta, cosa que Sancho tuvo por muy buen agüero pues su amo enseguida la reconoció como tal y no como castillo, cosa que solía suceder las más de las veces.
       Luego de pedirme posada y dejar a Rocinante y al rucio en el establo, se pusieron a cenar, y a los postres un caminante que aquí paraba nos contó una divertida historia que acababa de suceder en un pueblo vecino: “el pueblo del rebuzno” como le llaman, que, desde entonces también da nombre a esta venta, y si me atienden, se la voy a contar.
       (Pausa: se oyen voces que vienen de fuera)
      
Pero miren ustedes, hablando del rey de Roma, por la puerta asoma, que aquí aparecen los autores de la historia… (Entran dos hombres vestidos como gente aldeana), y ellos mismos la pueden  relatar…

REGIDOR 1º: A la paz de Dios, ventera.

VENTERA: Él se la dé buena, señor regidor. Y a la compaña.

REGIDOR 2º : (quitándose el sombrero) Buenas tenga vuesa merced.

VENTERA: Pues decía a estos señores, que no ha mucho, en este mismo lugar y siendo testigo de los hechos el famosos caballero andante don Quijote de la Mancha, alguienDon Quijote, Pablo Picasso contó el sucedido que aconteció a vuestras mercedes con el burro. ¿Cómo fue aquello?

(Los hombres se miran y ríen)

REGIDOR 1º: ¿Lo del rebuzno?

VENTERA: Justamente.

REGIDOR 1º: Graciosa historia tenemos.

REGIDOR 2º: Ea, comience vuestra merced, que yo completaré el relato si le falla la memoria.

REGIDOR 1º: Pues en un lugar que está a cuatro leguas y media de esta venta, nuestro pueblo, sucedió que por las malas artes y engaños de una criada suya (señala al otro Regidor), cosa que sería largo de contar porque criadas malas haylas en todos los pueblos del reino, le faltó un asno, y aunque hizo las diligencias posibles para hallarle, no fue posible.

REGIDOR 2º: (contundente, dirigiéndose al público) Hasta ahora todo es verdad.

REGIDOR 1º: Pues quince días serían pasados que el asno faltaba, cuando me lo encuentro en la plaza y le digo (se ponen en situación como si se encontraran de nuevo): «Dadme albricias, compadre, que vuestro burro por fin ha aparecido».

REGIDOR 2º: (sorprendido) Yo os las devuelvo, compadre, y muy buenas sean; ¿pues dónde ha sido el hallazgo, que no tengo noticia?

REGIDOR 1º: En el monte lo vi esta mañana, aunque estaba sin albarda ni aparejo alguno, y tan flaco andaba que era una pena miralle. Quísele coger para traéroslo,  pero se ha hecho tan montaraz y tan huraño que cuando llegué a él se fue huyendo y se entró en lo más escondido del monte. Así que se escapó, pero si quiere vuestra merced podemos ir los dos a buscalle.

REGIDOR 2º: Me parece de perlas su idea, compadre. Vayamos presto.

(Salen uno para cada lado en actitud de buscar)

VENTERA: Y en resolución, que los dos regidores se fueron al monte donde pensaban hallar el asno, y por más que miraron y escudriñaron, no lo encontraron ni apareció por aquellos contornos aunque buscaron como condenados. Viendo, pues, que no aparecía se volvieron al punto de partida para tratar de acordar una solución mejor.

(Entran en la venta desolados)

REGIDOR 1º: Mirad, compadre, el monte es muy grande y me ha venido una traza al pensamiento con la cual, sin duda alguna, podremos descubrir al animal aunque esté escondido en las entrañas de la tierra, cuánto más en las del monte, y es que yo sé rebuznar maravillosamente y si vos sabéis rebuznar algún tanto, dad el hallazgo del burro por concluido.

REGIDOR 2º: ¿Que si yo sé rebuznar un tanto? Por el sol que nos alumbra, que no daría ventaja a nadie en esto del rebuzno, ni siquiera a los mismos asnos.

REGIDOR 1º: Pues agora lo veremos, porque he pensado que vos podríais ir por un lado del monte y yo por el otro de modo que lo rodeemos y andemos todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos y rebuznaré yo, y no podrá ser por menos que el burro nos oiga y responda, si es que está vivo.

REGIDOR 2º: Digo, compadre, que la idea es excelente y digna de vuestro gran ingenio. Vamos, pues, y pongámonos a rebuznar.

Don Quijote, Gustavo Doré(Empiezan a moverse por el escenario y entre el público lanzando cada cual un rebuzno que irán repitiendo de trecho en trecho. Ambos se escuchan y ponen cara de satisfacción al oírse pensando que es el burro el que responde. Esto lo pueden repetir varias veces mientras se van acercando al centro del escenario. Cuando se encuentran se dan susto tremendo).

REGIDOR 2º: ¡Jesús, qué susto! ¿Y el burro?

REGIDOR 1º: Pues no sé, yo...

REGIDOR 2º¿Es posible, compadre, que no fuera mi asno el que rebuznó hace un momento?

REGIDOR 1º: No, no fue vuestro asno el que rebuznó, sino que fui yo.

REGIDOR 2º: ¡Cuerpo de tal! Ahora confieso que de vos a un asno, compadre, no hay diferencia alguna en lo tocante a rebuznar, porque en mi vida he oído cosa tan bien hecha.

REGIDOR 1º. Por las barbas de mi abuela, que esas alabanzas y encarecimientos os atañen a vos más que a mí, compadre, que por el Dios que me crió que podéis dar dos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo, porque el sonido que tenéis es alto, timbrada la voz, todo a su tiempo y compás; los dejos que hacéis, muchos y apresurados (le imita rebuznando) y en resolución, que yo me doy por vencido: os rindo la palma y os entrego (se quita el sombrero y hace un gesto de entregar) la bandera de esta rara habilidad.

REGIDOR 2º. (con cara reflexiva, pero halagado) Pues agora os digo que me tendré y estimaré en más desde aquí en adelante, y pensaré que tengo alguna gracia en esta vida, pues aunque sabía que rebuznaba bien, nunca entendí que llegara al extremo que decís.

REGIDOR 1º: Bien cierto es ello, que hay raras habilidades perdidas en el mundo y muy mal empleadas por aquellos que no saben aprovecharse de ellas.

REGIDOR 2º: Las nuestras, por ejemplo, que quiera Dios que nos sean de utilidad y encontremos al burro. Pero volvamos a buscarlo, que esta vez no ha de fallar.

REGIDOR 1º: Ea, desandemos el camino, mas para saber que somos nosotros y no es el burro quien responde, rebuznaremos dos veces, así no nos confundiremos con el animal.

REGIDOR 2º: Que me place la idea, compadre, vayamos al monte.

(Se separan y comienzan a repetir los rebuznos, esta vez doblados, como la vez anterior. Al fin se encuentran en el escenario) 

REGIDOR 2º: (mira al otro con cara de pena) No os maravilléis, compadre, de que no nos responda el animal, pues estoy seguro de que él respondiera si pudiera oírnos. Pero a trueque de haberos oído rebuznar con tanta gracia, compadre, doy por bien empleado el trabajo que hemos tenido en buscalle, que hace un momento lo he hallado muerto junto a unas piedras. (Hace un gesto de dolor, casi llorando)

REGIDOR 1º: ¿Muerto, decís?

REGIDOR 2º: (desolado, se quita el gorro como si rezara) Sí, muerto y bien muerto, en lo más espeso del monte.

REGIDOR 1º: Pues lo siento, compadre; ya decía yo…, (resignado) ¡y qué le vamos a hacer!; pero en tocante a lo del rebuzno, afirmo que si bien canta el abad (señala al otro regidor), no le va en la zaga el monaguillo (se señala a él mismo), como dice el refrán...

REGIDOR 2º: Ya. Y agora que todo queda claro, que no se diga por ahí que los regidores  de nuestro pueblo no somos grandes rebuznadores... (se ríen sin gana y sin perder su gesto de resignación; queda la escena congelada. La Ventera que ha permanecido discretamente en un segundo plano, interviene).

Don Quijote, Salvador DalíVENTERA: Y así, resignados y roncos se volvieron a su aldea, donde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les había acontecido en la busca del asno exagerando el uno la gracia del otro en rebuznar, todo lo cual se supo y extendió por los lugares circunvecinos llegando incluso a esta venta, LA VENTA DEL REBUZNO; y el diablo, que no duerme, levantó rencillas y grandes quimeras e hizo que las gentes de los otros pueblos, en viendo a alguno de aquella aldea, rebuznasen, como echándoles en cara el raro arte de los regidores. Y hubo pendencias y descalabros por esta causa, de manera que salieron aquellos versos que todo el mundo conoce y aún hoy día se publican en las plazas y mentideros que dicen:

No rebuznaron en balde
El uno y el otro alcalde.

FIN

© Pedro Sanz Lallana 2005
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Pedro Sanz 

SUMARIO

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