Oscar Sotillos

poemas

No puedo hablarte pero necesito oír tu voz

Descolgó el teléfono de la cabina y llamó. La sombra del cable le ahorcaba el cuello. Teléfono y llamada volaron por el aire. Las palomas borraban las nubes. La llamada entró en una casa, alguien descolgó el teléfono. La sombra pasó por los agujeros del auricular y el deseo plegó sus alas. "¿Quién es?" y Nadie respondió silencio. El aquí y ahora de la calle en la salita del teléfono. Los coches, las conversaciones de los paseantes y los labios cercanos y sellados, cuatro ojos buscándose ciegos a través de los hilos. Puedes verle. No va a decir nada pero sabes de quién es ese silencio, los dedos de la mano que sujetan el teléfono, en una cabina, en una esquina de tu vida.

 

Anatomía de la melancolia

a Robert Burton

Siempre me remonto a los principios, a lo que ocurrió antes justo de los sucesos. Como si mirar hacia adelante no fuera suficiente incerteza, o precisamente por eso, me giro a lo desconocido. En medio, apretado, espejo del tiempo

 

Parque eólico

El loco caminaba a solas con su locura. Lomas como olas de un océano detenido envolvían su caminar. Un cielo rabioso de azul y luz le ofreció un espejismo. Recortando las nubes unas cruces de tres largueros giraban como hélices. Molinos blancos de viento. En las pupilas los llevó toda la tarde hasta que salvó los últimos montes. Tras la cresta una pequeña meseta y en ella un palmeral blanco giraba al sol. El aire caía asesinado por el sesgo que le propinaba cada hélice, el silencio caía decapitado por cada muerte del aire. La sombra del loco, cuando estuvo debajo, repetía su suerte guillotineada una y otra vez. Las columnas que soportaban el viento como a un dios al que se le erige un templo eran gigantes pilastras del cielo. El loco siguió caminando a solas con su locura.

© Oscar Sotillos 2001

 

Las preguntas del agua

 

(con) qué sueñan los tiburones
que nunca pudieron dormir.
a qué suena el silencio de las profundidades,
y el de la pecera?
pone en los barrotes de vidrio
el pez su oído, como yo siento
en el mármol blanco de mi bañera
los grifos y las tuberías rotas,
                   sus voces rotas.
En qué cementerio reposan sus restos,
y qué se dicen a llantos las ballenas?

…..

La mano que te abraza en lo oscuro de las sábanas cree esparcir arena de playa o sacudir el firmamento en tu espalda.

.....

La solitaria muerte de la luna

La solitaria muerte de la luna, muerte esponsorizada que celebran multitud de miradas, solitaria muerte rodeada de estrellas impotentes, luna muerta hace millones de años, decapitada, cuarteada uña de yema celeste. Loamos tu resurección y te apresaríamos si llegaran nuestras manos tan alto como nuestras pupilas, alzándote en volandas por caminos incendiados de velas, en procesiones vespertinas con vapores de incienso. Luna muerta, hueso blanco que quedas de ella, reliquia de diosa olvidada.

……

Caja de Pandora

Ella agarraba fuertemente, con las dos manos, la cabeza de él, hallazgo de hombre entre la multitud, que se le abría y la abría. Lo miraba atenta y estupefacta entre las convulsiones del orgasmo que estaba por llegar. Miraba y palpaba su rostro, su pecho, su cabeza que trataba de desencajar creyendo que de allí habrían de salir todos sus sueños.

……

Esa mujer es la artífice de todas mis desdichas,
que aún siendo mías soy incapaz de llorar.
Un buen día esa mujer
me clavó dos lágrimas en el cuello,
vampírico juego al que truncó las reglas
y en vez de absorber mi sangre
me vertió su lluvia.
Azulejos lisos y estriados,
puntiagudas aristas de desamor.

……

Nos han atacado remolinos de miedo.
Ahora te miro: ¿quién eres?
Se me olvidan tus ojos como objetos perdidos a la memoria.

…..

Los amantes suicidaron su pasado.
Amasaron sus cuerpos como panes en la última noche,
cargaron sus pistolas con balas de silencio,
dejaron en la mesilla los miedos,
los reproches,
las cartas en blanco
para los jueces que exhumaran sus cuerpos al día siguiente,
y dispararon sendos tiros sobre su memoria
para no conocer la desdicha de sus almas desemparejadas,
para no afrontar la caída de su amor
como lánguida muerte de flores.

© Oscar Sotillos 2000
blog de Óscar Sotillos

 

Oscar Sotillos 

SUMARIO

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